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Termino a viagem à poesia no feminino vinda da América Central, com uma paragem em Cuba pela letra de um soneto de Carilda Oliver (1924), Hombres que me servísteis de verano.

Nesta evocação dos homens de uma vida, não há rancores mas agradecimento:

Sabed todos que os llevo de la mano.

 

Hombres que me servísteis de verano

Ése que no dejó de ser mi amante

y al que le debo siempre sepultura,

uno a quien nunca quise lo bastante;

aquél, obra de sueño, conjectura…

 

Alguien que jugó a nada y tuvo suerte,

otro que no ha venido de la guerra,

éste donde converso con mi muerte

porque me lo disputa hasta la tierra.

 

Salid de la memoria evocadora

con vuestro amor, pues tengo frío ahora!

Sabed todos que os llevo de la mano.

 

Vuestras sombras estallan como um mito

de vez en quando aquí. Sois lo bendito,

hombres que me servisteis de verano.

 

Publicado em La ceiba me dijo tú, 1979

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