Etiquetas

Começo hoje por desenterrar algumas curiosidades musicais de finais dos anos 50.

Quando saía da infância, ainda continuava em moda nas perdidas terras do Algarve oriental o Tango do Ciúme, sobretudo na versão de Marino Marini que hoje sai do baú.

Marino Marini: Il tango della gelosia

Na época, fazia companhia ao Tango do Ciúme no mesmo sucesso, o Kriminal Tango interpretado pelos mesmos Marino Marini.

Marino Marini: Kriminal Tango

Embalado nestas memórias musicais, aí vai um não menor sucesso: Moliendo Café ainda cantado e tocado por Marino Marini.

Marino Marini: Moliendo café

Mas voltando ao tango, acontece que gosto de tango. E até eu, que não sou das pessoas mais qualificadas para falar do tango, sei que o tango não é isto que deixei atrás. Simplesmente gosto de tango em qualquer das suas manifestações. Do acento rasca e de cabaret, passando pelo tango glamoroso de tanguerías para turista, até às versões crossover de cantores de ópera, vai tudo. É como feijoada, gosto sempre, e de todas as maneiras.

É irresistível e leva-me a imaginação para o sexo, o que nem é original. Fraquezas!

Mas gosto sobretudo de o dançar, não nos ademanes de dança de salão mas simplesmente corpo contra corpo na excitação da musica e nos requebros do seu fluir.

E isto dito, vamos ao tango.

Passando ao lado tanto das interpretações de glamour, como dos incontornáveis entre Gardel e Piazzolla, sobre os quais os interessados encontram na página todotango, informação abundante e que fará entrar em delírio os aficcionados, entrego-vos à voz de Haydée Alba, cantora que nos anos 90 fez sucesso em Paris.

Entre os discos que gravou, sobressai um, de homenagem às origens do tango, onde o canto surge apenas acompanhado por um orgão da Barbária.

O orgão da Barbária (espécie de realejo), supostamente importado de Itália em meados do século XIX, embora se encontrem na Argentina instrumentos importados de França e Alemanha, e outros fabricados na Polónia, existia tanto em pequenas versões portáteis, como em versões de maior porte transportados sobre carroças. Funcionava dando à manivela, a qual fazia correr um papel perfurado que accionava os tubos produzindo o som musical.

Arrastado pelas ruas de Buenos Aires nos primeiros anos do séc. XX, teve um contributo essencial na popularização do tango, ao espalhar pela cidade o seu som, obviamente limitado, transmitindo de forma mecânica, tangos especialmente compostos para as suas reduzidas potencialidades expressivas. Reinou até ao aparecimento das orquestras nos anos 20 do séc. XX.

É um tributo a estes primórdios, pleno de frescura interpretativa, este conjunto de antigos tangos na voz de Haydée Alba.

El Porteñito (1903)

Soy hijo de Buenos Aires,
por apodo “El porteñito”,
el criollo más compadrito
que en esta tierra nació.
Cuando un tango en la vigüela
rasguea algún compañero
no hay nadie en el mundo entero
que baile mejor que yo.

No hay ninguno que me iguale
para enamorar mujeres,
puro hablar de pareceres,
puro filo y nada más.
Y al hacerle la encarada
la fileo de cuerpo entero
asegurando el puchero
con el vento que dará.

Soy el terror del malevaje
cuando en un baile me meto,
porque a ninguno respeto
de los que hay en la reunión.
Y si alguno se retoba
y viene haciéndose el guapo
lo mando de un castañazo
a buscar quien lo engrupió.

Cuando el vento ya escasea
le formo un cuento a mi china
que es la paica más ladina
que pisó el barrio del sur.
Y como caído del cielo
entra el níquel al bolsillo
y al compás de un organillo
bailo el tango a su “salú”.

Organito de la tarde (1923)

Al paso tardo de un pobre viejo
puebla de notas el arrabal,
con un concierto de vidrios rotos,
el organito crepuscular.
Dándole vueltas a la manija
un hombre rengo marcha detrás
mientras la dura pata de palo
marca del tango el compás.

En las notas de esa musiquita
hay no sé qué de vaga sensación
que el barrio parece
impregnarse todo de emoción.
Y es porque son tantos los recuerdos
que a su paso despertando va
que llena las almas con un gran deseo de llorar.

Y al triste son
de esa su canción
sigue el organito lerdo
como sembrando a su paso
más pesar en el recuerdo,
más calor en el ocaso.
Y allá se va
de su tango al son
como buscando la noche
que apagará su canción.

Cuentan las viejas que todo saben
y que el pianito junta a charlar
que aquel viejito tuvo una hija
que era la gloria del arrabal.
Cuentan que el rengo era su novio
y que en el corte no tavo igual…
Supo con ella, y en las milongas,
con aquel tango reinar.

Pero vino un día un forastero,
bailarín, buen mozo y peleador
que en una milonga
compañera y pierna le quitó.
Desde entonces es que padre y novio
van buscando por el arrabal
la ingrata muchacha
al compás de aquel tango fatal.

E agora o clássico  Caminito (1924)

Caminito que el tiempo ha borrado,
que juntos un día nos viste pasar,
he venido por última vez,
he venido a contarte mi mal.

Caminito que entonces estabas
bordado de trébol y juncos en flor,
una sombra ya pronto serás,
una sombra lo mismo que yo.

Desde que se fue
triste vivo yo,
caminito amigo,
yo también me voy.

Desde que se fue
nunca más volvió.
Seguiré sus pasos…
Caminito, adiós.

Caminito que todas las tardes
feliz recorría cantando mi amor,
no le digas, si vuelve a pasar,
que mi llanto tu suelo regó.

Caminito cubierto de cardos,
la mano del tiempo tu huella borró…
Yo a tu lado quisiera caer
y que el tiempo nos mate a los dos.

Fugindo um pouco ao rigor musicológico acrescento uma milonga sobre um poema de Homero Manzi, género que outro dia virá à conversa :

Milonga sentimental (1931)


Milonga pa’ recordarte,
milonga sentimental.
Otros se quejan llorando,
yo canto por no llorar.
Tu amor se secó de golpe,
nunca dijiste por qué.
Yo me consuelo pensando
que fue traición de mujer.

Varón, pa’ quererte mucho,
varón, pa’ desearte el bien,
varón, pa’ olvidar agravios
porque ya te perdoné.
Tal vez no lo sepas nunca,
tal vez no lo puedas creer,
¡tal vez te provoque risa
verme tirao a tus pies!

Es fácil pegar un tajo
pa’ cobrar una traición,
o jugar en una daga
la suerte de una pasión.
Pero no es fácil cortarse
los tientos de un metejón,
cuando están bien amarrados
al palo del corazón.

Milonga que hizo tu ausencia.
Milonga de evocación.
Milonga para que nunca
la canten en tu balcón.
Pa’ que vuelvas con la noche
y te vayas con el sol.
Pa’ decirte que sí a veces
o pa’ gritarte que no.

Termino com uma comovida homenagem ao instrumento num poema do mesmo Homero Manzi com música do filho Acho Manzi

El ultimo organito (1948)

Las ruedas embarradas del último organito
vendrán desde la tarde buscando el arrabal,
con un caballo flaco y un rengo y un monito
y un coro de muchachas vestidas de percal.

Con pasos apagados elegirá la esquina
donde se mezclan luces de luna y almacén
para que bailen valses detrás de la hornacina
la pálida marquesa y el pálido marqués.

El último organito irá de puerta en puerta
hasta encontrar la casa de la vecina muerta,
de la vecina aquella que se cansó de amar;
y allí molerá tangos para que llore el ciego,
el ciego inconsolable del verso de Carriego,
que fuma, fuma y fuma sentado en el umbral.

Tendrá una caja blanca el último organito
y el asma del otoño sacudirá su son,
y adornarán sus tablas cabezas de angelitos
y el eco de su piano será como un adiós.

Saludarán su ausencia las novias encerradas
abriendo las persianas detrás de su canción,
y el último organito se perderá en la nada
y el alma del suburbio se quedará sin voz.

Feita que está a viagem pelos primórdios só resta a despedida.

Caro leitor(a) procure par, ponha a tocar A média luz e deixe-se levar pela atmosfera de Corrientes, avenida de perdição, no caminho do paraiso.

A media luz (1925)

Corrientes 3, 4, 8,
segundo piso, ascensor.
No hay porteros ni vecinos.
Adentro, cocktail y amor.
Pisito que puso Maple:
piano, estera y velador,
un telefón que contesta,
una victrola que llora
viejos tangos de mi flor
y un gato de porcelana
pa’ que no maulle al amor.

Y todo a media luz,
que es un brujo el amor,
a media luz los besos,
a media luz los dos.
Y todo a media luz
crepúsculo interior.
¡Qué suave terciopelo
la media luz de amor!

Juncal 12, 24
Telefoneá sin temor.
De tarde, té con masitas;
de noche, tango y cantar.
Los domingos, tés danzantes;
los lunes, desolación,
Hay de todo en la casita:
almohadones y divanes;
come en botica, cocó;
alfombras que no hacen ruido
y mesa puesta al amor.

Anúncios